La aventura de trabajo más interesante que he vivido...

El grupito inquieto, la hoja Excel y las reglas del sect

Primero en la empresa, después como emprendedora, me he movido en un sector (telecomunicaciones y nuevas tecnologías) donde un año cualquiera condensa los cambios que otros sectores realizan en 7 años. Eso en sí es un sinónimo de andar de aventuras por lo desconocido. Pero hay una historia que recuerdo con especial cariño porque me enseñó dos cosas muy importantes.

Corría el año 2000 y la burbuja punto-com vivía en España su punto álgido. El ritmo de creación de empresas en Internet era vertiginoso. Además las empresas grandes creaban nuevas unidades para explotar mercados a los que nunca antes se habían dirigido.

El segundo operador de móvil español creó una unidad para dar comunicaciones de fijo. Me incorporé a un grupo de unas 15 personas, consultores de negocio, expertos de marketing y expertos en tecnologías. La idea era dar servicios de banda ancha a oficinas y empresas con un nuevo operador. Tres meses después de crearse la unidad surgió un imprevisto con el que nadie había contado: la empresa es eliminada en el concurso de adjudicación de licencias de tecnologías inalámbricas. Ninguna de las empresas ganadoras tuvo éxito de negocio alguno con esa tecnología. Pero en aquel momento nadie podía saberlo.

El jefe de la unidad decidió entonces cambiar el modelo para re-vender ADSL (del operador dominante) a oficinas y empresas. A medida que trabajábamos con el tema un grupito se nos ocurrió que el modelo tendría más opciones de éxito si pensábamos en grande.

El sector estaba empezando la liberalización y se podrían utilizar otras infraestructuras. Así, con el beneplácito del jefe (todavía al margen de la empresa matriz) iniciamos el proyecto para crear un nuevo operador de banda ancha: con infraestructura propia de red y acceso a las casas de los abonados. Trabajé con expertos en regulación del sector y en el ministerio de Ciencia y Tecnología. Negociamos los procesos administrativos para acceder a las centrales telefónicas. Presentamos públicamente propuestas de despliegue de cobertura de centrales en ciudades y provincias. Realizamos un ambicioso plan de inversión para permitir la comercialización de banda ancha a más clientes… La inversión también permitiría una extraordinaria reducción de los costes de operación del resto de la compañía.

Un día, nuestro jefe llevó la idea desarrollada por el grupito inquieto a la agenda del comité de dirección de la empresa. Fue aplaudida. Y los expertos financieros de la empresa revisaron el plan. Unos meses después el plan era enterrado. El coste de la inversión era muy elevado y eso generaba muchas dudas. Fue sólo un poco antes de que el grupo internacional propietario del operador español decidiese desprenderse de los negocios que no fueran móviles.

Pero de esta aventura aprendí dos cosas importantes. Me enseño que hay que dudar de la cifras de los planes de negocio; especialmente si llevan varias hojas Excel. Un pequeño error de cálculo se convierte en un agujero financiero cuando se arrastra en una hoja Excel. La segunda cosa que me enseño es a no subestimar las reglas del sector.

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